Subir el Obelisco

Pensar, desear, hacer y agradecer. Cuatro pasos que dieron origen a quizás una de las anécdotas más importantes de mi vida y el momento más increíble del año. Un día de mucho calor, a las 18:30 de la tarde subimos el obelisco. El dress code fue cómodo, deportivo y liviano.

206 escalones, 67.5 metros de altura, 8 descansos y 1 sola escalera  vertical. Todo un desafío para comenzar el 2012 logrando lo imposible. Calu fue la que más rápido lo subió, su año de maratones la preparo para este tipo de desafíos. Atrás subimos Mechi (@mechmachado), que venció su vértigo, y yo.

Llegar a la cima, pensar en las veces que camine la 9 de julio y  la Av. Corrientes, en lo simbólico de este monumento, en lo increíble de estar ahí y en cada charla donde  mi abuelo afirmaba cuanto le gustaría tener su rancho en frente al Obelisco.

Fue movilizador. Mi cuerpo y mi mente no son los mismos desde entonces.

Sí señores, tenemos una Torre Eiffel en casa, pero falta para poder explotarla. Ojala sea pronto.

Agradezco profundamente a Fernando –el alpinista/andinista- que nos preparo los arneses y nos acompaño escalón a escalón y a Benja (@benjarroberts) que hizo todo esto posible.

Después de las fotos, comparto con ustedes un tesoro familiar, un poema del  Abuelo Gustavo.


Le Pregunto: ¿Usted se siente tan bien, como yo con Usted?

Me contesta: Todo lo que soy es para Usted, para eso existo.

Mi Rancho

La cumbrera de mi rancho,

se la robamos al monte,

cuando lloraba la tarde

su centinela quebracho blanco.

A su largo tranco derecho,

un labrador con su hacha

lo fue dejando cuadrado

para que allí descanse mi techo.

Tres horcones de colorado

le dan altura a mi rancho,

y las varas se van cruzando

por las dos aguas del techo.

Guardador de mis secretos

vive  en silencio conmigo,

como si hubiéramos nacido

tan leales como amigos.

No lo quebrantan los vientos

ni las tempestades de la vida,

disfruta de mis alegrías

y va secando mi llanto.

Es humilde y acogedor,

servicial con mis amigos,

regalando sus virtudes

vive soñando conmigo.

Cuando estoy lejos, me llama,

no se si le duele mi ausencia,

o teme que algún día

vaya a cambiar de querencia.

Con el alma me brinda

el mejor de sus afectos,

cuando lo veo regocijarse

en el trajín de mis nietos.

Otros días llegarán…

y quizás vuele su techo,

y excavando sus horcones

vayan abriendo mi lecho.

Mirando los rascacielos

allá en Capital Federal,

allí quisiera tenerlo,

en 9 de Julio y Diagonal.

Federico Gustavo Martinez – Siempre Quiero Volver- Recreo, Catamarca.