Dejamos “todo” para lo último. “Todo”, era ver por primera vez en vivo y en directo la muestra de Yayoi Kusama, la artista japonesa que adoramos y homenajeamos familiarmente con nuestro lunar en la muñeca izquierda.
Estábamos ansiosas, nerviosas, acaloradas, sonrientes, como nenas invitadas a un cumpleaños lunar. Eran las 12 del medio día y mientras caminábamos por la calle 75 vimos el gran cartel. Pegamos un grito… habíamos llegado al Whitney Museum.
Con nuestro mejor ingles ansioso nos acercamos y preguntamos por la muestra “Fire Flies on the water”. Una señora buena pero con poca paciencia nos dio el turno para las 3:20.
Shock 1: No solo faltaban 3 horas sino que a las 6 debíamos salir del hotel rumbo al aeropuerto. Le explicamos nuestra situación: “No pudimos venir antes y tenemos miedo que no nos alcance… cuanto dura la muestra?” le preguntamos.
“JUST ONE MINUTE”
Shock 2. Reímos y quedamos desorientadas. Reímos más, ahora teníamos 3 horas para absorber el Upper East Side. Nos fuimos a recorrer la 5ta Avenida. Entramos a la tienda que llevo a Yayoi a la masividad: Louis Vuitton. Buscamos un vendedor y le preguntamos por las intervenciones que las revistas de viajeros publicitaban.
Para mala suerte nuestra, el show lunar recién iba a estar montado la semana del 9, cuando la mismísima Yayoi Kusama dejara su neuropsiquiátrico en Japón para pisar NYC junto a Marc Jacobs. Sin pensarlo, el vendedor comenzó a contarnos de cómo iban a estar los tres pisos lunanizados, y como parte de un cuento mágico nos preguntó: ¿conocen la historia de cómo surgió esta colaboración?
“Desde que el Sr. Jacobs asumió la dirección artística de Louis Vuitton ha querido generar colaboraciones con Yayoi Kusama. En sus 15 años en LV el Sr. Jacobs viajó cada año a Japón a convencer a la Sra. Kusama de realizar una colaboración, siempre obteniendo como respuesta un no estoy lista. Este ultimo año, ella dijo: Sí”
No teníamos la intervención y no íbamos a tener la presencia de Yayoi Kusama y de Marc Jacobs, pero tuvimos esta tremenda anécdota y todavía nos quedaba ese solo minuto para conocerla un poco más.
Volvimos al Witney, entramos directo a la sala que tenia el cartel de Yayoi. Era un cuarto blanco, con cuatro bancos, una puerta y una mujer con un cronómetro.
“No fotos, no videos. De a uno entrarán a ese cuarto que tiene espejos, luces y agua. No hay de que agarrarse así que traten de no moverse porque se pueden marear. Tienen un minuto”
De incógnito tome las fotos que ilustran este post.
La NADA justo antes de entrar al TODO.
Un universo mágico, infinito, de colores y de lunares.
Un #universoyayoi